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Alteraciones sexuales en víctimas de ASI

El abuso sexual infantil (ASI) ha sido, y sigue siendo un tema tabú. Sin embargo, afecta a una gran proporción de niñas y niños. A nivel mundial, aproximadamente 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres afirman haber sido abusados sexualmente cuando eran menores de edad (OMS, 2022). En España, el porcentaje de víctimas ronda entre el 10-20% de la población, porcentajes parecidos alrededor del mundo (Pereda, 2016). En la mayoría de los casos, estos abusos suelen conllevar consecuencias negativas en la víctima, a corto, medio y largo plazo. Sin embargo, hay un tipo de consecuencias de la que no se habla mucho por la estigmatización que conlleva: las sexuales. Por lo tanto, ¿Hay alteraciones sexuales en víctimas de ASI?

Hablamos brevemente de ello a continuación. 

Alteraciones sexuales en víctimas de ASI: Evitación y fobia

Por sentido común se podría intuir que, como consecuencia de una experiencia de abuso sexual, la víctima adquiera una fobia al sexo, no tenga deseo sexual y que, en resumen, evite lo relacionado con el sexo. Pues la verdad es que sí que hay una relación entre ASI y evitación sexual en la adultez (Vaillancourt-Morel et al., 2015) y también con dificultades sexuales (Gewirtz-Meydan y Godbout, 2023).

Sin embargo, el tema es más complejo, ya que no sólo está relacionado con la evitación sexual, sino con la hipersexualidad. ¿De verdad pasa esto? ¿Cómo puede ser? Puede sonar poco lógico, pero a continuación te respondemos a esas preguntas. 

Alteraciones sexuales en víctimas de ASI: Hipersexualidad

A corto plazo, los niños/as abusados/as pueden mostrar conductas sexualizadas que no son normales para su edad y etapa evolutiva (Pereda, 2023; Fundación ANAR, 2020, 82-86). También masturbación compulsiva (Fundación ANAR, 2020, 82-86).

Por otro lado, a largo plazo también se ha visto una asociación entre ser víctima de ASI y compulsividad sexual (Vaillancourt-Morel et al., 2015; Reis et al., 2023; Slavin et al., 2020).

Relacionado con eso, también hay una relación con las conductas sexuales de riesgo (Messman-Moore et al., 2010; Abajobir et al., 2017).Estas conductas son definidas como mantener relaciones con alguien que no conoces apenas, bajo la influencia de drogas, sin protección frente al embarazo, sin protección frente a las ETS, etc. Estas conductas sexuales de riesgo a la misma vez, aumentan la probabilidad de volver a sufrir victimización en la adultez (Messman-Moore et al., 2010).

Además, la hipersexualidad no sólo está relacionada con el abuso y trauma sexual, sino también se ha visto asociada con el trauma en general (Fontanesi et al., 2021; Gewirtz-Meydan, 2022).

¿Y por qué? Esta es la pregunta que nos podemos plantear. Esa pregunta en psicología no suele tener una única y fácil respuesta. Aún así, vamos a intentarlo, hablando sobre las variables moderadoras que hay entre medias de la relación de alteraciones sexuales en víctimas de ASI. 

Alteraciones sexuales en víctimas de ASI: Variables mediadoras

Se han encontrado multitud de variables moderadoras en esa relación. Por ejemplo, en un estudio se encontró que la depresión actuaba como variable mediadora entre la victimización por ASI y la compulsividad sexual en hombres (Reis et al., 2023), aunque también en mujeres (Fontanesi et al., 2021). También la culpa se ha visto como variable mediadora entre trauma en general e hipersexualidad (Fontanesi et al., 2021).

Además, el consumo de alcohol se ha encontrado que media en parte esta relación (Marshall, 2023). Siguiendo en esta línea, parece que la desregulación emocional es un importante factor mediador de la relación entre ASI e hipersexualidad, aunque no se limita sólo a este tipo de abuso (Messman-Moore et al., 2010). La desregulación emocional puede llevar a conductas sexuales de riesgo, o conductas poco insalubres como el consumo de alcohol y estas a la misma vez, llevar a la hipersexualidad. 

Entonces, dicho esto, parece que lo que hay entre medias de sufrir abusos y mostrar hipersexualidad a largo plazo son problemas emocionales, que impactan tanto de forma directa en las conductas hipersexuales, como de forma indirecta a través de conductas de riesgo. 

Sin embargo, podemos ir más allá ¿Por qué unas personas desarrollan aversión al sexo y otras hipersexualidad? ¿Qué pasa en la mente para que se tome un camino u otro? Vamos a hablar de ello a continuación.  

Visión de la realidad y autoconcepto

Lo que se ha encontrado es que sufrir abusos sexuales en la infancia distorsiona la visión que tienes de la realidad, el autoconcepto (visión de uno mismo) y las capacidades afectivas. ¿Cómo? Pues el sufrir ASI conlleva 4 factores que podrían causar esa distorsión y daño traumático (Finkelhor y Browne, 1985, citado en Collin-Vézina et al., 2013):

  • Sexualización traumática: La sexualidad de las víctimas se ve distorsionada por una experiencia que no debería haber pasado; el abuso sexual. 
  • Traición: Esto es la pérdida de confianza en el abusador, ya que el 84% de los abusadores son conocidos por la víctima (Save The Children, 2021). También se puede sentir la traición debido a que la gente en quién la víctima confiaba, no le han protegido del abuso o apoyado en el momento de la revelación. 
  • Falta de control/poder: La víctima en el momento del abuso experimenta una falta de poder sobre la situación, de hecho, se pueden sentir dominados por el abusador. De esa manera, la víctima percibe que no puede hacer nada para evitar o salir de esa situación de daño y amenaza. 
  • Estigmatización: Se refiere a falsas creencias y percepciones que interioriza la víctima sobre sí misma y lo ocurrido, que son causadas por la manipulación del abusador o por la actitud negativa de la sociedad hacia estos hechos. De esta forma, la víctima termina percibiendo que es culpable o responsable de lo que le ha ocurrido. 

Esto es lo que pasa de forma interna en gran parte de las víctimas de ASI. Entonces, ¿Cómo puede llevar esto a las alteraciones sexuales? Y de nuevo está la pregunta de ¿Y por qué unas víctimas desarrollan aversión y otras todo lo contrario? Se va a explicar a continuación a través de una interesante hipótesis. 

Según Aaron, a partir de una revisión realizada en 2012, lo que va determinar si la problemática sexual en víctimas de ASI va a ser por aversión, o por compulsividad, va a ser la percepción de uno mismo, del suceso y del abusador. Antes de empezar a explicar esta hipótesis, cabe destacar que no todas las víctimas de ASI sufren alteraciones sexuales, esto depende de múltiples factores protectores y del abuso. 

Un niño/a abusado/a, una vez que ha sufrido el abuso, y que ha percibido lo que ha pasado como algo incómodo, desagradable o malo, puede ser que el foco de maldad percibida y culpabilidad se ponga o en el abusador, o en uno mismo. Y esto va a venir condicionado por los mensajes que la víctima recibe del entorno. De esa forma, si el menor percibe el acto sexual y al abusador como lo malo, va a desarrollar con el tiempo una “fobia”, aversión, evitación al sexo o a los hombres (en el caso de que el agresor sea hombre, que suele ser en la mayoría de los casos).

Sin embargo, si es el niño/a el que se ve a sí mismo como el malo, culpable de lo que ha ocurrido, esa visión se va a incorporar a su autoconcepto y con el tiempo va a expresar esa “maldad” percibida de sí mismo mediante una especie de recreación de lo ocurrido. (compulsividad sexual)

El autor lo explica con una metáfora que lo ejemplifica muy bien.

Si una araña muerde a alguien, y la araña es vista como una criatura repulsiva por la sociedad, la gente y por la víctima de la mordedura, esta persona mordida pondrá el foco de “esto está mal” en la araña, ya que la araña es una criatura vista como mala. De esta forma, la persona desarrollará miedo a las arañas, pero porque la visión que se tiene de la araña es que es una criatura mala y temible. (Aaron, 2012)

Sin embargo, si viviéramos en una sociedad y en un entorno en el que las arañas fueran criaturas queridas, valoradas, amadas y vistas como criaturas maravillosas, si una araña muerde a una persona, el razonamiento más probable de la persona sería: “Pues si la araña es tan buena y me ha mordido, será porque hay algo malo en mí que ha hecho que me muerda”, de manera que el foco de “maldad” ya no está en la araña, sino en la visión de uno mismo, en el autoconcepto. En este segundo caso, la consecuencia a largo plazo no sería la fobia, puesto que la araña no es vista como algo que temer, sino la recreación de la situación vivida para expresar esa visión de uno mismo, para tratar de obtener dominio sobre lo ocurrido y reducir esa sensación de “hay algo malo en mí”. (Aaron, 2012)

Pues si sustituimos la araña por un/a abusador/a, tendríamos lo que ocurre, según esta hipótesis, en las víctimas de ASI. Por ejemplo, en niños muy pequeños, abusados por una persona muy querida tanto por la víctima como por el entorno, que no aparenta ser una mala persona, puede pasar lo descrito en el segundo caso. En este ejemplo, el niño seguramente no piense que el abusador es mala persona, sino lo más probable es que piense que si lo que está pasando (el abuso) le resulta molesto, incómodo y desagradable es porque hay algo malo en él mismo (Aaron, 2012).

Sin embargo, en adolescentes, que tienen un nivel madurativo más alto, es menos probable que ocurra ese razonamiento (aunque no imposible), ya que la persona es un poco más madura como para percibir que realmente la culpa la tiene el abusador. Sin embargo, no sólo depende de la edad, sino también de los mensajes que reciben las víctimas de la sociedad y de su entorno: Si a un víctima no se la cree, se la culpabiliza, se minimiza o niega lo que le ha ocurrido, también es más probable que esa víctima piense “hay algo malo en mí” (Aaron, 2012).

Conclusiones

La hipótesis manejada, es compatible con los otros hallazgos, ya que la hipótesis plantea que el origen de las alteraciones sexuales está en la visión (alterada) de la realidad y eso encaja con los factores traumáticos del ASI explicados anteriormente. También encaja con el hecho de que esa distorsión puede llevar a alteraciones emocionales, y estas a la misma vez a conductas sexuales disfuncionales. 

Este artículo pone de manifiesto la complejidad que conlleva en muchos casos sufrir abusos, entre ellos abuso sexual. En estos asuntos, no debemos dejarnos llevar por el “sentido común” y la “lógica” ya que eso puede llevar a creencias erróneas. Y estas creencias erróneas, estigmatizan y revictimizan a aquellas víctimas que no encajan en el prototipo de víctima en el que pensamos por sentido “común”, como por ejemplo aquella víctima que se hipersexualiza.

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Autora: Celia Gavilán, psicóloga forense en formación y responsable de comunicación científica en EPERIT.

Alteraciones sexuales en víctimas de ASI: Referencias

Aaron, M. (2012). The Pathways of Problematic Sexual Behavior: A Literature Review of Factors Affecting Adult Sexual Behavior in Survivors of Childhood Sexual Abuse. Sexual Addiction & Compulsivity: The Journal of Treatment & Prevention, 19(3), 199-218. http://dx.doi.org/10.1080/10720162.2012.690678 

Abajobir, A. A., Kisely, S., Maravilla, J. C., Williams, G., y Najman, J. M. (2017). Gender differences in the association between childhood sexual abuse and risky sexual behaviours: A systematic review and meta-analysis. Child Abuse & Neglect, 63, 249-260. Scopus. 10.1016/j.chiabu.2016.11.023

Collin-Vézina, D., Daigneault, I., y Hébert, M. (2013). Lessons learned from child sexual abuse research: prevalence, outcomes, and preventive strategies. Child & Adolescent Psychiatry & Mental Health, 7(22), 1-9. PubMed. 10.1186/1753-2000-7-22

Fontanesi, L., Marchetti, D., Limoncin, E., Rossi, R., Nimbi, F. M., Mollaioli, D., Sansone, A., Colonnello, E., Simonelli, C., Di Lorenzo, G., Jannini, E. A., y Ciocca, G. (2021). Hypersexuality and Trauma: a mediation and moderation model from psychopathology to problematic sexual behavior. Journal of Affective Disorders, 281, 631-637. Scopus. 10.1016/j.jad.2020.11.100

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Marshall, E. (2023). Sexual Victimization and Hypersexuality in College Women: Examining Alcohol Use as a Potential Mediator. Social Sciences-Basel, 12(12), 1-13. Web of Science. https://doi.org/10.3390/socsci12120654 

Messman-Moore, T. L., Walsh, K. L., y DiLillo, D. (2010). Emotion dysregulation and risky sexual behavior in revictimization. Child Abuse & Neglect, 34(12), 967-976. PubMed. 10.1016/j.chiabu.2010.06.004

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Slavin, M. N., Blycker, G. R., Potenza, M. N., Böthe, B., Demetrovics, Z., y Kraus, S. W. (2020). Gender-related differences in associations between sexual abuse and hypersexuality. Journal of Sexual Medicine, 17(10), 2029-2038. APA PsycInfo. https://doi.org/10.1016/j.jsxm.2020.07.008 

Vaillancourt-Morel, M. P., Godbout, N., Labadie, C., Runtz, M., Lussier, Y., y Sabourin, S. (2015). Avoidant and compulsive sexual behaviours in male and female survivors of childhood sexual abuse. Child Abuse & Neglect, 40, 48-59. Elsevier. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2014.10.024