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Maltrato animal

Los animales, sobre todo los animales “domésticos” normalmente son apreciados y queridos por la humanidad. Por lo que, cuando surge alguna noticia en la que una persona ha maltratado a un animal, nos vienen a la cabeza preguntas como: “¿Cómo es posible que hayan personas que hagan daño a estas criaturas?” En este artículo vamos a explorar las variables que se han visto relacionadas con la perpetración y la aceptación del maltrato animal, para intentar entender la realidad. 

Variables personales en el maltrato animal

Primero vamos a hablar de variables más relacionadas con la personalidad y también variables relacionadas con experiencias del pasado. 

En el estudio de Alleyne y Parfitt (2018) se vio que los abusadores de animales tenían menor autoestima y también menor locus de control interno en comparación con no abusadores. El locus de control interno se refiere a la creencia de que puedes controlar lo que te sucede, mientras que un locus de control externo es lo contrario. También tenían menor empatía hacia los animales, además de problemas para controlar la ira y mayor hostilidad, impulsividad y agresividad que los no abusadores. 

En la literatura científica también se ha encontrado que el maltrato animal tiene cierta relación con haber pasado por experiencias desagradables y adversas en la infancia/adolescencia. 

Por ejemplo, en el estudio de Bright et al., (2018), se vio que el 94.2% de las personas que habían ejercido maltrato animal habían pasado por más de una experiencia adversa en la infancia. De hecho, la media de experiencias adversas por las que habían pasado esta muestra era de 4,49. Específicamente, aquellos que habían experimentado negligencia física, abuso sexual, abuso físico y violencia doméstica tenían entre 3 y 5 veces más de participar en el maltrato animal. También había más probabilidad de involucrarse en estas agresiones si habían sufrido abuso o negligencia emocional, separación de los progenitores, etc. 

En el estudio de Alleyne y Parfitt antes comentado, también se vio que los abusadores de animales habían vivido más abuso físico y emocional en comparación con no abusadores. Además, resultó significativo el hecho de que también se encontró como experiencia vivida frecuente entre los abusadores, haber sido testigo en la infancia/adolescencia de alguien haciendo daño a un animal. Esto último, tendría relación con la falta de empatía/sensibilidad hacia los animales encontrada en los abusadores. Las autoras hipotetizaron que la falta de sensibilidad mediaba la relación entre haber visto hacer daño a un animal en la infancia y perpetrar maltrato animal en el futuro. 

Dicho todo esto, vamos a tratar otra variable que también se ha considerado importante en el maltrato animal: las actitudes. 

Las actitudes en el maltrato animal

De forma general siempre se ha pensado que aquellos que maltratan a animales son psicópatas. Y, aunque la personalidad tiene peso en este fenómeno, no es lo único que explica el maltrato animal. 

En el estudio de Hawkins y Williams (2020) se encontró que había una mayor aceptación de la crueldad hacia los animales en aquellos niños que tenían actitudes negativas hacia los animales.

Por otra parte, en el estudio de Martín et al., (2023) se estudió qué variables se relacionaban con mayores reacciones en contra del maltrato hacia animales domésticos, animales salvajes y también vertidos ilegales que dañan el medio ambiente. Se vio que la variable que más se relacionaba con una mayor o menor reacción no era ni la empatía hacia las personas ni variables de personalidad como la psicopatía, sino la empatía hacia la naturaleza, es decir, actitudes positivas y sensibilidad hacia la naturaleza

Relacionado con todo esto, en el estudio de Hopwood y Bleidorn (2021), se encontró una relación entre tres actitudes negativas hacia los animales (caza y pesca, especismo, esto es considerar superiores a unas especies animales e inferiores a otras y la falta de simpatía hacia los derechos de los animales) con rasgos antisociales de la personalidad. Los rasgos antisociales de la personalidad son aquellos relacionados con la impulsividad, hostilidad, falta de empatía, etc.

Estos resultados nos muestran que la personalidad y las actitudes no son cosas incompatibles de forma que solo una cosa o la otra predicen la perpetración del maltrato animal, sino que más bien son complementarias. Es decir, que ambas variables están presentes en una persona que abusa de animales. 

Importancia para el contexto forense y victimológico

Toda esta información es muy interesante pero, ¿Para qué sirve todo esto en el contexto jurídico, forense y victimológico? A continuación te damos dos razones. 

Se ha visto que aquellos hombres que han maltratado animales (hombres porque se ha visto en estos estudios que la mayoría de agresores de animales son hombres) tienen más probabilidades de haber cometido o de cometer en el futuro delitos contra la propiedad, de drogas y delitos violentos, de manera que hay relación entre el maltrato animal y otras formas de violencia y delincuencia (Alleynne y Parfitt, 2019; Diemer et al., 2024). 

De forma específica, hay que destacar su papel en la violencia doméstica y violencia en la pareja. Los maltratadores pueden usar el maltrato animal para controlar, coaccionar, intimidar, asustar, dañar y manipular a las víctimas para de esa manera seguir manteniendo el control sobre la víctima (Alleynne y Parfitt, 2019; Diemer et al., 2024). De esa forma, el maltrato animal a las mascotas es una forma de violencia hacia la víctima (Diemer et al., 2024). 

De hecho, en mujeres que son maltratadas por sus parejas, el miedo a que éste haga daño a su mascota es un gran obstáculo que impide que busquen ayuda o que abandonen la relación. Incluso algunas mujeres no quieren acudir a refugios ya que la mayoría no aceptan a mascotas y tienen miedo de que su maltratador torture o maltrate a la mascota (Diemer et al., 2024). 

Otra razón que hace que sea importante tener en cuenta las variables relacionadas con el maltrato animal es la Ley 17/2021. Esta ley modifica el artículo 94 bis del Código Civil. 

Para decirlo de forma sencilla, se modificó la ley de manera que ahora los animales se consideran seres vivos con sensibilidad (y no objetos) y forman parte de la convivencia familiar. De esta forma, en caso de divorcio, mientras que la pareja no se ponga de acuerdo en qué hacer con la mascota, el/la juez/a debe decidir qué guarda y custodia es mejor para la mascota. Por ahora, esto no se aplica de forma general a las separaciones de las parejas de hecho, sólo en caso de matrimonios. 

De hecho, ya se ha publicado una sentencia de este tipo (Sentencia 526/2023) y se están empezando a pedir peritajes psicológicos sobre las competencias de cada uno de la pareja para cuidar adecuadamente a la mascota y así establecer qué custodia es mejor para el animal. Por lo tanto, es importante que el psicólogo forense esté actualizado e informado sobre qué variables predicen un mejor cuidado de los animales.  

EPERIT es un equipo de psicólogos jurídicos, forenses y sanitarios actualizados y con mucha vocación por su trabajo. Los servicios que ofrecemos son: Peritajes, contraperitajes, supervisiones periciales, mediación, terapia y atención victimológica online. Además, ofrecemos formación a través de cursos y prácticas en nuestra plataforma de formación especializada en Patreon. También hacemos divulgación por este blog y por redes sociales.

Autora: Celia Gavilán, psicóloga forense en formación y responsable de comunicación científica en EPERIT.

Referencias

Alleyne, E., y Parfitt, C. (2018). Factors that distinguish aggression toward animals from other antisocial behaviors: Evidence from a community sample. Aggressive Behavior, 44, 481-490. 10.1002/ab.21768

Alleyne, E., y Parfitt, C. (2019). Adult-Perpetrated Animal Abuse: A Systematic Literature Review. Trauma, Violence, and Abuse, 20(3), 344-357. Scopus. 10.1177/1524838017708785

Bright, M. A., Huq, M. S., Spencer, T., Applebaum, J. W., y Hardt, N. (2018). Animal cruelty as an indicator of family trauma: Using adverse childhood experiences to look beyond child abuse and domestic violence. Child Abuse & Neglect, 76, 287-296. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2017.11.011 

Diemer, K., Gallant, D., Mosso Tupper, N., Hammond, K., Ramamurthy, A., y Humphreys, C. (2024). Exploring the Linkages between Animal Abuse, Domestic Abuse, and Sexual Offending: A Scoping Review. Health & Social Care in the Community, 2024(1), 1-19. https://doi.org/10.1155/2024/1170505 

Hawkins, R. D., y Williams, J. M. (2020). Children’s attitudes towards animal cruelty: Exploration of predictors and socio-demographic variations. Psychology Crime & Law, 26(3), 226-247. Web of Science. 10.1080/1068316X.2019.1652747

Hopwood, C. J., y Bleidorn, W. (2021). Antisocial Personality Traits Transcend Species. Personality Disorders-Theory Research and Treatment, 12(5), 448-455. Web of Science. 10.1037/per0000463

Martín AM, Vera A, Marrero RJ., y Hernández B. (2023). Bystanders’ reactions to animal abuse in relation to psychopathy, empathy with people and empathy with nature. Front. Psychol, 14, 1-10.  https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1124162