EPERIT

Memoria y capacidad para prestar declaración de niños en contexto forense

La declaración es un relato de memoria que un testigo realiza sobre hechos presenciados o vividos por él mismo (Manzanero, 1996). Está afectada por factores que influyen en la codificación, almacenamiento y recuperación de la memoria. Ésta no es reproductiva, sino reconstructiva, lo cual quiere decir que cada vez que recordamos algo lo estamos modificando, aunque sea en una rememoración a solas. 

Antes de nada, cabe señalar que la evidencia científica determina que los niños  son capaces de prestar testimonio. Entre los 3-6 años deben tenerse en cuenta limitaciones por cuestiones madurativas, como la dificultad para discriminar esquemas generales y recuerdos concretos o la mezcla de realidad y fantasía. Por encima de los 6 años son capaces de tener recuerdos detallados similares a los del adulto y, por tanto, aportar testimonio válido en cantidad y calidad por medio de un experto (Álvarez y Juárez, 2018). Aún así, es importante tener en cuenta que sus declaraciones suelen ser algo desorganizadas, con digresiones o cambios espontáneos de enfoque y correcciones espontáneas e incluso dudas sobre la exactitud de sus recuerdos (Cantón y Cortés, 2000).

No obstante, cuando se trata de niños y especialmente en recuperaciones repetidas, es posible introducir nuevos datos en el interrogatorio que el menor incorpore al relato, creando falsas memorias. Además, cada vez que vuelve a explicar lo sucedido, la huella de la memoria que presenta se reconstruye reinterpretando los detalles ya existentes o, como ya se ha comentado, incorporando nuevos.  Por este motivo es tan importante evitar la reiteración del testimonio infantil, tanto para proteger el indicio cognitivo original, eludiendo así el falso recuerdo, como para evitar la revictimización que supone relatar un suceso traumático en un contexto especialmente ansiógeno como lo es el judicial (Álvarez y Juárez, 2018). 

Es igualmente importante que la persona encargada de obtener la declaración esté adecuadamente formada para ello, evitando preguntas sugerentes e inductivas (te hizo daño, ¿verdad?) o victimizantes (¿por qué no lo habías contado aún?) que distorsionen la declaración original. También deberá ajustarse al menor, a su edad y sus características psicológicas, utilizando un lenguaje comprensible e intentando establecer una relación cálida que diluya posibles sentimientos de vergüenza y culpa (Jiménez y Alonso, 2006).

Por otro lado, existen diversos factores que influyen en los procesos memorísticos que es importante tener en cuenta a la hora de obtener la declaración de un niño. A continuación, vemos algunos de ellos:

Factores que afectan a la codificación de la memoria:

  • Edad: Entre los 2 y los 3 años la actividad del hipocampo aumenta mucho y se establecen nuevas sinapsis que sustituyen a las anteriores, por lo tanto, las huellas de memoria previas desaparecen. Asimismo, por debajo de esta edad el niño no presenta aún capacidad de simbolización ni de representación a través del lenguaje, es decir, no atribuye significados a las situaciones, lo que imposibilita la codificación y almacenamiento de información.
  • Maduración cortical: Para declarar es utilizada la memoria episódica, que funciona en contexto espacio-temporal, lo que permite a la persona ubicar el episodio (en qué estación del año sucedió, dónde se encontraba…) e implica maduración en estructuras cerebrales como el lóbulo temporal y el hipocampo. Tal maduración tiene lugar a partir de los 10 años; previamente a ello no se archivan claves temporales, lo cual se traduce en un conjunto de episodios que se solapan en la memoria, siendo muy difícil distinguir cuándo o en qué orden ocurrieron. Esta inmadurez de la memoria episódica es el motivo por el que a veces se observan relatos poco consistentes en niños menores de 10 años.
  • Violencia del suceso:  En los acontecimientos violentos como agresiones o amenazas, la atención se focaliza en la fuente principal del miedo. En consecuencia, los estímulos periféricos se pierden, son obviados por el cerebro. Este fenómeno se conoce como “visión de túnel” y explica porque hay víctimas que no pueden recordar elementos del suceso aparentemente obvios, como la ropa o la cara de su agresor. 

Factores que afectan a la retención y recuperación de la memoria:

  • La toma de declaración: El tipo de interrogatorio influye mucho en el testimonio aportado. Si se lleva a cabo una recuperación interrogativa, es decir, basada en preguntas, es posible que de forma inconsciente se cometan errores de comisión (aportar datos falsos). Ante preguntas de las que no está seguro o de las que no tiene toda la información, el niño buscará dar respuesta, pues está educado para responder a las expectativas del adulto. Por este motivo es muy importante que la recuperación sea de relato libre.
  • Tiempo transcurrido hasta la declaración: A medida que pasa el tiempo, de forma natural se experimenta un deterioro gradual en las huellas de memoria, que puede llevar a una pérdida de las conexiones cerebrales que hacen accesible a la conciencia un recuerdo (Manzanero, 1996). Además, durante este transcurso pueden tener lugar otro sucesos o el conocimiento de nuevas informaciones que generen interferencias en la memoria.

Referencias bibliográficas:

CANTÓN, J.C., y CORTÉS, MR.: “La sugestibilidad de los niños”, en J. Cantón y M.R. Cortés (Eds.) Guía para la evaluación del abuso sexual infantil. Madrid: Pirámide, 2000.

Jiménez Cortés, C., y Martín Alonso, C. (2006). Valoración del testimonio en abuso sexual infantil (A.S.I.). Cuadernos de Medicina Forense, 43-44. 

MANZANERO, A.L. (1996). Evaluando el testimonio de menores testigos y víctimas de abuso sexual. Anuario de Psicología Jurídica, 6, 13-34.

Álvarez F., y Juárez JR. (2018). Evaluación psicológica forense de los abusos y maltratos a niños, niñas y adolescentes: guía de buenas prácticas. Asociación de psicólogos forenses de la administración de justicia. 

Sandra Jaenada

Estudiante de psicología en la UAB y estudiante EPERIT

¿Qué es la victimología?

Una de las áreas más importantes dentro de la psicología forense es la victimología, ésta es la encargada de estudiar de manera científica las víctimas y el proceso de victimización. 

La victimología una manera estricta, estudia las víctimas de hechos delictivos, pero en sentido amplio también estudia a las víctimas de catástrofes naturales.

La victimización es un proceso muy complejo, lo cual explica que se haga la distinción entre tres tipos, que son:

  • La victimización primaria: la entendemos como el proceso por el que una persona sufre, ya sea de manera directa o indirecta, daños físicos o psíquicos que se derivan de un hecho delictivo o acontecimiento traumático. 
  • La victimización secundaria: compone el conjunto de costes personales que tiene para la víctima de un hecho delictivo su intervención en el proceso penal. Por ejemplo, excesivos interrogatorios policiales /judiciales, la exploración médica/forense o el contacto con el agresor durante el proceso judicial.
  • La victimización terciaria: la entendemos como el conjunto de costes de la penalización sobre quien la soporta personalmente o sobre terceros.

El otro gran foco de interés de esta disciplina es la desvictimización, siendo un proceso complejo en el que participan múltiples factores y actores, que podemos definir como un proceso de reparación, entendiéndola no como la indemnización de perjuicios, sino como el reconocimiento social y la asistencia, así como la prevención de una posible revictimización.

Si entendemos el problema que conlleva el proceso de victimización, no es difícil llegar a la conclusión de la importancia de una adecuada prevención. Sin duda, la prevención tiene que ser la finalidad principal del sistema penal, el cual, previene delitos y a la vez la satisfacción de los posibles deseos de venganza y la respuesta punitiva espontanea, con lo que se pone freno a la espiral de la victimización que podría derivar en una anarquía punitiva.

No obstante, la prevención dentro de la victimización sobrepasa los límites del sistema penal. La victimología así entendida podría influir en las políticas públicas, programas basados en reducir riesgos o incluso el desarrollo de modelos de actuación policiales.

Manual de Victimología 

Daniel Cerro
Psicólogo forense, con formación en análisis funcional de la conducta. Miembro de la Lista de Peritos
del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Burnout o estrés laboral

Como ya hemos comentado anteriormente, es innegable que el trabajo es una parte fundamental en nuestras vidas. Por tanto, los problemas en el ámbito laboral, de manera general, repercutirán en las demás áreas de nuestras vidas poniendo incluso en riesgo nuestra salud, tanto psicológica como física. En otro artículo comentamos la problemática del mobbing. Esta vez le toca el turno al burnout, concepto que seguro has escuchado alguna vez.
Posiblemente, el burnout es uno de los problemas más graves en el ámbito laboral y que afecta a muchos más trabadores de los que creemos.


Si bien es cierto que afecta en gran medida a los trabajadores, no podemos negar el daño que
supone también para las empresas (menor rendimiento y menor calidad de los servicios), a los directivos y a la sociedad en general. Por fortuna, cada vez es más común que dentro de las empresas se tomen iniciativas para detectar este problema a tiempo.


El concepto lo acuñó Freudenberber, quien describió el estado de agotamiento físico y mental
observado entre el personal que trabajaba de manera voluntaria en una clínica de desintoxicación. De manera general podemos entender el burnout como un proceso de adaptación al estrés del trabajo que se produce de forma crónica cuando las estrategias del trabajador no han podido lidiar con el estrés.


Si bien no existe una explicación que defina completamente el burnout, podemos apuntar que se encuentra ligado a las interacciones personales. Por concretar un poco, y entendiendo el burnout como un proceso, destacarían: la falta de realización personal en el trabajo, el cansancio emocional y despersonalización. Estas variables se entrelazarían entre sí en el tiempo culminando en estrés laboral.


Como hemos visto, el burnout puede destruir la calidad de vida de los trabajadores. Por tanto, antes de que el problema se agrave y se convierta en una situacion insostenible para los trabajadores y empresas, es preferible destinar recursos a su prevención.
Y esto resulta muy complicado si vamos a la raíz del problema, ya que percibir el trabajo como un mero intercambio de tiempo/dinero, a la larga en muchas personas puede ser alienante. Por lo tanto, dar un sentido a ese intercambio con un nuevo compromiso con las responsabilidades, atribuir valor al trabajo realizado e intentar aumentar el sentimiento de pertenencia a un grupo o a un proyecto en común, como podemos imaginar, puede resultar en ocasiones bastante complicado.


Si te sientes cansado, no rindes en tu trabajo, tienes problemas laborales debido a la bajada de rendimiento (cada vez más común en el personal sanitario de nuestro país), poniendo en peligro tu puesto de trabajo o incluso ya lo has perdido, un Psicólogo Forense puede ayudarte a valorar si has sufrido o estás sufriendo un daño psicológico debido al burnout realizando un informe pericial que puede favorecerte en eventuales procesos judiciales.

Psicología Forense. Ámbitos de aplicación. Volumen ll.

Daniel Cerro
Psicólogo forense, con formación en análisis funcional de la conducta. Miembro de la Lista de Peritos del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

LA PSICOLOGÍA DEL TESTIGO

Definición
En derecho, el testigo es la persona que declara acerca de unos hechos que ha presenciado directamente y que son de interés para la resolución de un asunto objeto de controversia, principalmente de carácter delictivo. Dentro de esta definición también se incluiría a la propia víctima del delito. La declaración del testigo sobre lo ocurrido es lo que se conoce por testimonio.
La figura del testigo es una pieza fundamental en un juicio, pues es considerada como una prueba o medio probatorio de peso para decidir sobre la inocencia o la culpabilidad de un sospechoso (Sáiz, Baqués & Sáiz, 2008). Por esta razón es crucial que el testimonio declarado sea lo más veraz y exacto posible.
A raíz de esta necesidad surgió la psicología del testigo, la cual intenta determinar la calidad de los testimonios que sobre delitos y accidentes prestan los testigos presenciales (Sáiz, Baqués & Sáiz, 2008). Su estudio se centra en dos áreas principales: la exactitud de la declaración y la credibilidad del testigo y de su testimonio.


Exactitud
La exactitud de la declaración hace referencia al grado de correspondencia entre lo que el testigo delata y lo que sucedió realmente (de la Fuente, 2015). Cuanto más se ajuste a la realidad un testimonio, más exacto será.
La memoria humana no proporciona réplicas idénticas de los acontecimientos vividos como si de una cámara de vídeo se tratara. Son muchas las variables, tanto individuales como situacionales, que intervienen en la formación de recuerdos y en su posterior recuperación. Es por este motivo que dos personas que han presenciado un mismo hecho pueden explicarlo con diferentes matices.
Debido a esto, los testigos pueden cometer dos tipos de errores cuando declaran: los de omisión, cuando no incluyen en su relato aspectos relevantes del suceso por olvido; y los de comisión, cuando distorsionan de manera relevante determinados elementos o incluyen otros que no estaban presentes en la situación vivida (de la Fuente, 2015).


Credibilidad
Se entiende por credibilidad al grado de veracidad que se atribuye a la declaración del testigo, es decir, si la persona está engañando o no con su testimonio (Sáiz, Baqués & Sáiz, 2008). Para hablar de engaño en una declaración, éste debe ser un acto intencional y no un fallo de la memoria.
La persona que evalúe un testimonio deberá plantearse la siguiente pregunta: “¿Tiene el testigo motivos e intereses para falsear de manera deliberada su testimonio?” Si la respuesta es afirmativa, el evaluador utilizará aquellos conocimientos y técnicas necesarios para intentar detectar la mentira (de la Fuente, 2015).

El testimonio infantil
Las investigaciones sobre el testimonio infantil han ido cogiendo especial relevancia para poder abordar situaciones de abuso sexual en la infancia. En estos casos, el testimonio del menor suele ser la única prueba para inculpar al acusado, por lo que se hace necesario averiguar qué variables pueden influir en él.
Es importante dejar claro que los menores son testigos capaces y competentes. De hecho, lejos de las falsas creencias que hay al respecto, el testimonio infantil puede ser tan fiable como el testimonio adulto, sobre todo si se utilizan correctamente las técnicas de entrevista (Juárez, 2008).
Por otra parte, la participación del niño o de la niña en el contexto judicial puede resultar muy angustiosa, de manera que es fundamental velar por su bienestar y tener en cuenta algunas consideraciones especiales para reducir su estrés. Ejemplos de estas son el uso del video para grabar el testimonio, realizar pausas frecuentes, la exclusión de espectadores o la opción de no tener que mirar al acusado (Juárez, 2008).


La figura del psicólogo forense
Los profesionales de la psicología forense desempeñan un papel imprescindible en este ámbito. Gracias a su extensa formación están más que capacitados para llevar a cabo evaluaciones periciales sobre el testimonio, realizándolas siempre bajo la ética y la rigurosidad científica.
Además, cuando se trata de un testigo-víctima hay que evitar dentro de lo posible que se produzca una revictimización; el psicólogo forense debe promover un espacio de apoyo y empatía donde la persona se pueda sentir arropada y escuchada. Es de vital importancia proteger a la víctima del delito antes, durante y después de cualquier proceso judicial.


Referencias
De la Fuente, J. (2015). La memoria de los testigos. Editorial UOC.
Juárez, J. R. (2008). El menor como testigo: fundamentos y técnicas. En Psicología criminal (pp. 163-187). Pearson.
Sáiz, D., Baqués, J. & Sáiz, M. (2008). Psicología del testigo: conceptos fundamentales. En Psicología criminal (pp. 123-162). Pearson

Andrea Estoquera Estudiante de último año de psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona

TRASTORNO FACTICIO APLICADO A OTROS O “SINDROME DE MUNCHAUSEN” COMO FORMA DE ABUSO INFANTIL

El trastorno facticio aplicado a otro, comúnmente conocido como síndrome de
Munchausen , es aquel trastorno donde se falsifican signos o síntomas físicos o
psicológicos, o inducción de lesión o enfermedad, en otro, asociada a un engaño
identificativo (incluso llegando a buscar tratamiento después de provocar la lesión o la
enfermedad). El individuo presenta a otro individuo (victima) frente a los demás como
enfermo, incapacitado o lesionado, donde el comportamiento engañoso es evidente
incluso en ausencia de recompensa externa obvia. (DSM-5).


Los individuos con trastorno facticio corren el riesgo de experimentar un gran
sufrimiento psicológico o deterioro funcional por los daños causados a sí mismo o a los
demás, debido a que es posible que no entiendan las razones de su conducta o que no
reconozcan que tienen un problema.


Se trata de un trastorno difícil de identificar y de tratar, puesto que, puede existir una
afección medica preexistente. Es uno de los trastornos menos contemplados a la hora de
realizar una evaluación y sin embargo, está contemplado como una forma de maltrato
infantil, normalmente perpetrado por las madres.
Para su correcto diagnóstico cuando se sospecha una enfermedad facticia, es
imprescindible obtener información de otras fuentes pertinentes. Entre estas pueden
encontrarse los terapeutas previos o actuales, miembros de la familia, informes médicos
actuales y previos, y estudios analíticos y diagnósticos, además, debemos incluir una
evaluación del niño, de los padres y también de la dinámica familiar. Algunas pautas a
seguir son:

  • Obtenga información fiable de otros miembros de la familia (de su pareja, siprocede), de los médicos que tratan al paciente y de informes clínicos previos.Verifique todos los «hechos» presentados.
  • Revise los informes clínicos de los hermanos, prestando especial atención a las enfermedades inexplicables o las muertes.
  • Observe al niño y al progenitor durante cualquier interacción (en presencia de unobservador).
  • Síntomas poco claros que no son controlables y que se vuelven más graves ocambian una vez que ha empezado el tratamiento.
  • Recaídas predecibles tras la mejora de la enfermedad
  • Presencia de muchas cicatrices La aparición de síntomas nuevos o adicionales tras los resultados negativos deuna prueba médica o psicológica
  • Presencia de síntomas sólo cuando el paciente está con otros o está siendoobservado
  • Deseo por realizar pruebas u operaciones
  • La renuencia por parte del paciente para permitir que los profesionales de lasalud puedan hablar con miembros de la familia, amigos y médicos previosEste tipo de trastorno facticio lo suelen presentar madres que tienen una baja autoestimay un autoconcepto que está muy deteriorado, por lo que, mediante la hospitalización desu hijo obtiene cuidados, apoyo e interés por parte de las demás (le prestan atención)que no sabe conseguir de otra forma y que necesita. La madres generalmente reciben elreconocimiento social (familiares, comunitarios, funcionarios del sistema de salud), deque realizan una “excelente” labor en su función materna, intenta recibir atención deforma indirecta, a través del papel de “enfermo” del hijo/a. Es una forma de evadir losconflictos a lo interno del grupo familiar, siendo la enfermedad del niño/a en muchasocasiones el único tema que tiene en común los padres, y uno de los pocos que nooriginan nuevos conflictos. Las madres mantienen la atención, al menos parcial de susparejas, y aumentan la permanencia de ellos en los hogares, en comparación con elmomento en el que el niño/a no estaba “enfermo”.


Debemos tener mucho cuidado en no confundir este trastorno con una simulación de
síntomas o enfermedades (representación de síntomas físicos o psicológicos falsos o
muy exagerados motivado por incentivos externos), ya que este no es un trastorno.
Deben considerarse los trastornos físicos reales (especialmente las enfermedades raras o
infrecuentes con pocos hallazgos objetivos) antes de diagnosticar prematuramente una
enfermedad facticia. Al igual que con todas las enfermedades facticias, el diagnóstico
puede resultar difícil a menos que el responsable sea directamente sorprendido dañando
a la víctima.


El trastorno facticio por poderes es un diagnostico que se debe tener presente y la
sospecha se sustenta en una historia que muchas veces no concuerda con la clínica. Los
médicos de atención primaria tienen un rol fundamental en el diagnostico, dado que
poseen acceso al entorno y la historia clínica del paciente y su familia

Jazmine Lopez. Psicóloga Forense y Judicial

Moobing o acoso laboral

Casi con seguridad has escuchado alguna vez el termino mobbing o acoso laboral, concepto que cobra importancia debido a la gran importancia del trabajo en nuestras vidas.

Sin embargo, no es un concepto nuevo, el conocido etnólogo Konrad Lorenz ya utilizo el término para referirse a los comportamientos agresivos que observo de ciertos grupos de animales que querían echar a un intruso o también, cuando individuos más débiles de una especie se alían entre si para atacar a individuos más fuertes. En palabras de Lorenz, una definición apropiada podría ser “el ataque de una coalición de miembros contra uno de su misma especie, por alguna diferencia, defecto o rasgo significativo”.

Por tanto, podemos considerar el termino mobbing como un fenómeno de grupo que afecta a los animales en general y que esta presente en la cultura humana. Esto se hace patente, cuando vemos, por ejemplo, en Japón, que desde la propia cultura anti individualista se alienta a presionar desde el grupo cualquier manifestación individual de los trabajadores.

Volviendo a la actualidad, una definición más moderna podría ser la propuesta por Iñaki Piñuel “ el deliberado y continuo maltrato moral y verbal que recibe un trabajador, hasta entonces valido, adecuado o incluso excelente en su desempeño, por parte de uno o varios compañeros de trabajo( incluido muy frecuentemente el propio jefe), que buscan con ello desestabilizarlo y minarlo emocionalmente con vistas a deteriorar y hacer disminuir su capacidad laboral o empleabilidad y poder eliminarlo así más fácilmente del lugar y del trabajo que ocupa en la organización”.

El mobbing no llega de repente, sino que van sucediéndose una serie de etapas:

Conflicto. Suele comenzar por algún desacuerdo o percepción de amenaza. Este conflicto no tiene porque ser real, también puede ser imaginario.

Estigmatización. En esta etapa la victima queda etiquetada de manera negativa de modo que la acaba convirtiendo en su principal característica. Esto a su vez hará que la víctima tienda a comportarse de manera patológica o con miedo, lo cual será utilizado por el agresor para justificarse.

Intervención. Una vez el trabajador queda aislado y estigmatizado, los jefes tender a buscar el problema en las características de la victima y comenzaran a verle como un trabajador problemático.

Eliminación. En muchas ocasiones, es la propia empresa ala que decide prescindir del trabajador, que les resulta molesto e incómodo.

Recibir acoso laboral por lo general tiene consecuencias en la salud mental, si bien dependen de la duración del acoso, la intensidad de la agresión y la vulnerabilidad de la víctima.

Las estadísticas son alarmantes, por tanto, saber detectarlo a tiempo ahorraría muchos problemas a los trabajadores que están sufriendo mobbing. En cualquier caso, un psicólogo forense puede ayudarte a valorar si estas sufriendo acoso laboral.

Psicología Forense. Ámbitos de aplicación. Volumen ll.

Daniel Cerro Torralba

Psicólogo forense con formación en análisis funcional de la conducta. Miembro de la Lista de Peritos del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

PSICOPATÍA VS TAP


¿QUÉ ES LA PERSONALIDAD?

Se describe la personalidad como “el conjunto de características o rasgos que describen o identifican el modo de ser y de comportarse habitualmente de un individuo” (Belloch Fuster, 2010).  Uno de sus puntos clave es que permanece relativamente estable a lo largo de nuestra vida, por lo que es bastante fácil predecir cómo una persona se puede comportar en un contexto o situación. Aunque es relativamente estable, lo cierto es que no es algo rígido, sino que fluctúa, y en esa fluctuación radica la normalidad. De esta forma, podemos predecir más o menos cómo una persona se puede comportar en una situación. Pero no necesariamente se comportará así, dependerá del resto de variables que actúen. Ahí esta esa fluctuación.

Por proporcionar una definición más científica, podemos decir que un trastorno de personalidad se trata de “un patrón permanente de experiencias internas y de comportamientos que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto; se trata de un fenómeno generalizado y poco flexible, estable en el tiempo, que tiene su inicio en la adolescencia o en la edad adulta temprana y que da lugar a un malestar o deterioro” (American Psychiatric Association, 2014).

¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS QUE DEFINEN A UN TRASTORNO DE PERSONALIDAD?

Algunas de las características que definen a un Trastorno de Personalidad son las siguientes:

  • Es omnipresente, rígido e inflexible. La forma de funcionar va a ser la misma en todas las situaciones en las que se encuentre la persona.
  • Dificulta adquirir nuevas habilidades o comportamientos. Justamente debido a esa inflexibilidad y rigidez, se actúa siempre de la misma forma, lo que impide ese crecimiento en términos de nuevas formas de gestión y vivencias personales.
  • Produce malestar a la persona y a su entorno.
  • No existe conciencia de enfermedad. Para la persona, esa es su forma de funcionar, y no piensa que sea inadecuada o perjudicial para ella ni para los demás.

CLASIFICACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD SEGÚN EL DSM-5.

Los Trastornos de personalidad, según el DSM-5, se clasifican en tres grupos o clústers (American Psychiatric Association, 2014), clúster A, B y C.

Dentro del clúster A se encontrarían el Trastorno Paranoide, el Trastornos Esquizoide y el Trastorno Esquizotípico. Dentro del clúster B están el Trastorno Histriónico, el Trastorno Límite, el Trastorno Antisocial y el Trastorno Narcisista. Y dentro del clúster C podemos ver el Trastorno Evitativo, el Trastorno Dependiente y el Trastorno Obsesivo-Compulsivo.

Hoy, nos centraremos en uno de ellos, concretamente en el Trastorno Antisocial de la Personalidad, que se encuentra como ya hemos visto dentro del clúster B.

TRASTORNO ANTISOCIAL DE LA PERSONALIDAD (TAP).

Se define al Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP) como un patrón duradero de conductas socialmente irresponsables, que se evidencia antes de los 15 años. Se evidencia una falta de interés o preocupación por los sentimientos de los demás, carencia de remordimientos, incapacidad para aprender de la experiencia, escasa tolerancia a la frustración, irritabilidad, ausencia de culpa y tendencia al engaño, a la mentira y a la manipulación. Todo ello con el fin de obtener una ganancia secundaria (Belloch & Fernández-Álvarez, 2002; E. Caballo, 2004).

TRASTORNO ANTISOCIAL DE LA PERSONALIDAD VERSUS PSICOPATÍA.

A lo largo de los años, se ha considerado que el TAP y la psicopatía, son lo mismo. Sin embargo, no lo son, y así lo podemos ver en las siguientes características:

  • Es cierto que comparten algunas características de diagnóstico como pueden ser que ambos presentan desviación social, sin embargo, hay discordancias en lo referente a los componentes afectivos, emocionales e interpersonales. Se define al TAP con rasgos más conductuales como pueden ser la ambición persistente, la conducta dirigida a un objetivo, necesidad de control y dificultades en confiar en las habilidades de los demás, sin embargo, la psicopatía se suele definir con rasgos más emocionales y disposicionales, como son la incapacidad para sentir las emociones, los afectos, la vergüenza, el remordimiento, la culpa o la empatía (De Santiago et al., 2020; García-López, 2014).
  • Por otro lado, según Hare en 2003, los criterios que definen el TAP hacen mucho más énfasis en las conductas antisociales criminales (de nuevo criterios conductuales), mientras que los criterios diagnósticos de psicopatía (fundamentalmente a través de la PCL-R) hacen más énfasis en los rasgos de personalidad (De Santiago et al., 2020).
  • También se sostiene que la psicopatía va más allá del TAP, es decir, muchos rasgos del TAP son compartidos por la psicopatía, pero ésta última presenta rasgos de la esfera emocional e interpersonal que el TAP no tiene. Además, se encontró que entre un 50-80% de las personas que se encuentran en prisión están diagnosticados de TAP, pero solo entre un 15-30% de estos sujetos también presentarían diagnóstico de psicopatía. Es decir, la mayoría de los criminales con psicopatía tienen también TAP, sin embargo solo una minoría de los que tienen TAP presentan a mayores psicopatía (De Santiago et al., 2020).

En resumen, se podría decir, que son conceptos muy parecidos pero que entrañan ciertas diferencias, como que la psicopatía haría referencia más a aspectos emocionales y que se trata de un concepto que da un paso más allá del TAP.

Bibliografía.

American Psychiatric Association (Ed.). (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. American Psychiatric Publishing.

Belloch, A., & Fernández-Álvarez, H. (2002). Trastornos de la personalidad (guías de intervención).pdf. Editorial Síntesis, S.A.

Belloch Fuster, A. (2010). Tratado de trastornos de la personalidad. Síntesis.

De Santiago, J., Rovelo-Escoto, N. C., & Sánchez-Gil, L. M. (2020). La psicopatía: Un enfoque multidisciplinar. McGraw-Hill Interamericana de España.

E. Caballo, V. (2004). Manual de trastornos de la personalidad. Descripción, evaluación y tratamiento.pdf. Editorial Síntesis, S.A.

García-López, E. (2014). Psicopatologia forense comportamiento humano y tribunales de justicia. Editorial El Manual Moderno.

Paola Cosgaya Pérez

Psicóloga especializada en psicología y criminología forense, con formación en Análisis de Conducta Criminal y psicología clínica infanto-juvenil. Actualmente en formación en neuropsicología forense. Perito psicólogo de parte y perteneciente a las listas de peritos del COP de Castilla y León 2021.

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LA SIMULACIÓN EN EL CONTEXTO JUDICIAL

Uno de los problemas adicionales que nos encontramos los profesionales a diario es la simulación de síntomas o enfermedades mediante conductas intencionadas de engaño y mentira o múltiples formas de exageración distorsión de síntomas. Son conductas intencionadas, y desarrolladas por determinados individuos, con objetivos externos de fraude y búsqueda de beneficio. Según el DSM-V la característica esencial de la simulación es la
representación de síntomas físicos o psicológicos falsos o muy exagerados, motivada por incentivos externos, como evitar el servicio militar o el trabajo, obtener una compensación económica, evadir responsabilidades criminales u obtener fármacos.
Aunque la simulación no es un trastorno mental, presenta clara implicación psicológica y afecta de forma importante al tratamiento, pronóstico y evolución. La correcta determinación de la presencia de simulación puede suponer una eficiente gestión del tiempo y los recursos profesionales disponibles.
Existen tres tipos de simulación (Resnick, 1997):
· SIMULACIÓN PURA: fabricación completa de sintomatología.
· SIMULACIÓN PARCIAL: Exageración de la sintomatología preexistente o referencia al mantenimiento de síntomas que ya habían remitido.
· IMPUTACIÓN FALSA: La sintomatología es falsamente atribuida a un acontecimiento traumático.
Según Héctor González Ordi, los objetivos de la simulación en el contexto forense son:
· Evitación de condenas más severas.
· Obtención de beneficios penitenciarios. Derivación al sistema sanitario.
· Obtención de la custodia de menores.
· Obtención de beneficios económicos y materiales mediante falsas acusaciones de maltrato y violencia.
Los datos de sospecha clínica de simulación son:
· Ausencia de datos o evidencia medicamente objetivable.
· Dramatización o magnificación de síntomas.
· Presencia de beneficios colaterales a la baja laboral.
· Ausencia de colaboración o adherencia al tratamiento.
· Descripción de síntomas y mecanismos de producción inconsistentes.
A la hora de evaluar una posible simulación, debemos tener cuidado en no confundir está con el trastorno facticio, también denominado síndrome de Munchausen, el cual, se caracteriza por síntomas físicos o psicológicos fingidos o producidos intencionalmente, con el fin de asumir el papel de enfermo.
Sin embargo, generalmente no implica la consecución de recompensas externas como cobro de indemnizaciones u obtención de bajas laborales de algún tipo, por lo que se diferencia de la simulación.
Aunque, siempre debemos tener presente que podemos estar ante el caso contrario a una simulación, es decir, la acción de ocultar la enfermedad que se padece (disimulación). Puede darse en casos de reconocimientos laborales o reconocimientos para obtener permisos de conducción, evitar un internamiento involuntario, en procesos de incapacitación civil, en la evaluación de la aptitud para el desempeño de un puesto de trabajo y la capacidad contractual, en procesos para valorar la idoneidad de guarda y custodia de menores o en procesos de tutela/curatela de incapacitados (Esbec, 2012). Dentro de los cuadros clínicos más tendentes a la disimulación nos encontramos la depresión, el trastorno por ideas delirantes y el consumo de tóxicos (Delgado et al, 1994).


Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna
simulación puede durar largo tiempo (Cicerón)

Jazmine López Fernández

Psicóloga forense y judicial

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad de una persona para enfrentar y adaptarse a eventos traumáticos o difíciles que surgen en la vida, como la pérdida de un ser querido, un accidente de coche, una catástrofe, pérdida de empleo, una enfermedad…En definitiva, es la capacidad de superar la adversidad saliendo fortalecido.

Es considerado que tienen mayor equilibrio emocional las personas más resilientes.

La resiliencia tiene dos componentes: por una parte, la resistencia frente a la destrucción, que se traduciría en la capacidad de proteger la propia integridad. Y por otra parte, la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias adversas.

Los pilares de la resiliencia o factores protectores para los seres humanos son: la autoestima, introspección, independencia, capacidad de relacionarse, iniciativa, humor, creatividad, moralidad o ética y pensamiento crítico.

La metáfora de la casita de Stefan Vanistendael explica los elementos básicos para construir la resiliencia.

Una persona resiliente es aquella que es capaz de tener un sentido de si mismo positivo, dimensiona los problemas, establece relaciones sociales constructivas, tiene sentido de esperanza frente a las dificultades, extrae aprendizaje en las situaciones de estrés, desarrolla iniciativa y se fija metas alcanzables.

Sin embargo, no se espera que todos estos elementos estén presentes en la persona, pero si es deseable que gran parte de ellas estén total o parcialmente desarrolladas.

Bibliografía

Vanistendael, S y Lecompte, J. (2004).  Resiliencia y sentido de la vida. Paidós.

Saavedra, E. (2004). El enfoque cognitivo procesal sistémico, como posibilidad de intervenir educativamente en la formación de sujetos resilientes: Estudio de casos, Tesis Doctoral. Universidad de Valladolid.

Natalia Campoy
Psicóloga Forense
Especialista en Estrés Postraumático

Trauma y TEPT

En algunas ocasiones podemos encontrarnos con situaciones complejas a lo largo de la vida, que pueden tener un impacto negativo en la salud física y psicológica, y ser consideradas como traumáticas. Algunas de estas situaciones pueden ser violencia, accidentes, muerte de familiares cercanos, catástrofes, abuso sexual…

Ante esto nuestro organismo responde para poder adaptarse y lograr una estabilidad emocional, como un mecanismo de defensa.

Es frecuente que puedan aparecer recuerdos y sueños recurrentes del suceso, tener la sensación de que se está reviviendo la experiencia, alucinaciones, episodios disociativos, produciendo malestar a todo aquello que recuerda lo vivido. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos que recuerdan el acontecimiento. Evitación a todo aquello que lo recuerde (lugar, personas, objetos), sentimiento de culpa, enfado, miedo. Problemas de sueño, irritabilidad o ira, dificultad para concentrarse, hipervigilancia, sobresaltos frecuentes.

Todos estos síntomas pueden aparecer en la persona que ha vivido la situación compleja pero también pueden ser experimentados por los demás, al ser explicada o estar presente en el momento del suceso.

Los síntomas descritos son compatibles con lo que se denomina Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), pero para que exista un TEPT la situación no tiene porque ser excesivamente traumática, dependerá de cómo lo viva la persona, y será entonces cuando aparezca el trauma o no.

En general, los niños y los adolescentes son especialmente vulnerables, por su limitada capacidad para gestionar estresores físicos, psicológicos y ambientales, es por eso que el impacto puede ser más significativo. Por ello, es fundamental que su núcleo familiar le proteja y le cuide, de esta manera las consecuencias serán menos complejas.

Si las situaciones estresantes son muy graves, intensas o repetidas, pueden afectar de forma más dramática, y recibe el nombre de trauma complejo.

El concepto de trauma complejo aparece debido a que se ha observado que se pueden desarrollar unos traumas cuyos síntomas no se incluyen en el TEPT, como alteraciones en las relaciones con los demás, problemas médicos, alteraciones en la autopercepción, sentido crónico de culpabilidad y responsabilidad personal…

Hasta ahora se ha utilizado trastorno de estrés postraumático extremo no especificado para hablar de este trauma complejo.

En cuanto al tratamiento del trauma, La experiencia en adultos es que la técnica de exposición, ya sea en imaginación o en vivo, es un tratamiento eficaz del TEPT. Junto con esta técnica se emplean otras como técnicas de relajación o algunas estrategias cognitivas para modificar pensamiento.  La duración del tratamiento no se puede especificar ya que depende de muchas variables, pero aproximadamente unas 8-16 sesiones de 60-90 minutos.

Bibliografía

Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013). DSM-5. Hernández, L. Psicopatología y tratamiento del trastorno por estrés postraumático. Madrid, Ed Pirámide (2001, 2002).

Natalia Campoy
Psicóloga Forense
Especialista en Estrés Postraumático